miércoles, 13 de marzo de 2019

Actividad física y cáncer de mama


En un artículo publicado en la revista Journal of the American Medical Association (JAMA) del 25 de Mayo de 2005, miembros del Departamento de Medicina del Brigham and Women´s Hospital, Harvard Medical School, Boston, Mass. (EE.UU.), se plantean determinar si la actividad física entre las mujeres con cáncer de mama disminuye el riesgo de muerte por esta enfermedad cuando se comparan con lo que ocurre con mujeres más sedentarias.

El estudio, de carácter prospectivo, se ha realizado sobre una población de 2.987 mujeres que fueron diagnosticadas de cáncer de mama, en estadios evolutivos I, II y III, entre los años 1984 y 1998, y que fueron seguidas hasta su muerte o hasta Junio del 2002.

Durante el seguimiento se produjeron 463 muertes, de las que 280 lo fueron a causa de la enfermedad del cáncer de mama. La respuesta al planteamiento inicial ha sido que las mujeres que realizaban una actividad física equivalente a caminar, al menos, 1 o más horas por semana, alcanzaron una supervivencia mayor comparadas con aquellas mujeres que realizaron menos o ninguna actividad física. Los mayores beneficios se obtuvieron en las mujeres cuya actividad física era equivalente a caminar, a paso vivo, de 3 a 5 horas por semana.

Cual es la actividad física más frecuente


Caminar era la actividad física más frecuente (66%) practicada en esta población de mujeres. Los autores también han comprobado que tanto el caminar como actividad física, como ejercicios físicos más vigorosos, contribuyen a disminuir el riesgo de muerte por cáncer de mama.

Después de llevar a cabo los ajustes estadísticos apropiados, la probabilidad de que se presentaran resultados adversos durante el seguimiento (entre los que se incluyen la muerte, la muerte por cáncer de mama y la recidiva del cáncer de mama) fue entre un 26% y un 40% más baja entre las mujeres que realizaban más actividad física, cuando se comparaban con aquellas en las que la actividad física fue menor.

Los autores concluyen que sus resultados sugieren que la actividad física después del diagnóstico de un cáncer de mama puede disminuir el riesgo de muerte por esta enfermedad. Este beneficio es especialmente significativo entre las mujeres que tenían tumores con receptores celulares para los estrógenos y la progesterona.

En este sentido, es conocido cómo la actividad física en la mujer se asocia a niveles más bajos de estrógenos en sangre, lo que podría explicar el efecto beneficioso del ejercicio físico en las mujeres que han sido tratadas de un cáncer de mama, de modo especial en aquellas cuyos tumores son más sensibles a ser estimulados a crecer por las hormonas femeninas.