domingo, 31 de marzo de 2019

Cirugía para cambiar de cara


Las técnicas operatorias microquirúrgicas, así como los conocimientos anatómicos necesarios para trasplantar la cara extraída de un donante -en muerte cerebral y mantenido mecánicamente con su corazón latiendo- a un individuo receptor, en el que se le ha extirpado previamente su personal cara -persona en griego quiere decir máscara- (gravemente desfigurada como consecuencia de una grave quemadura, por ejemplo), están ya a punto.

Por esta razón, varios grupos dedicados a la cirugía plástica y reparadora han estado presionando recientemente para lograr vía libre a su realización, hasta el punto de que, desde principios de este año 2003, se ha venido especulando, especialmente en la prensa sensacionalista, sobre "la inminencia de la primera operación de trasplante facial", prensa lanzada simultáneamente al descubrimiento del supuestamente oculto primer ser humano en el que se realizaría por vez primera este muy atrevido procedimiento.

Uno de los grupos quirúrgicos que se consideran preparados técnicamente para sustituir la cara de un ser humano vivo mediante el trasplante de la cara de un cadáver, es el dirigido por el cirujano británico Mr. Peter Butle.
Pero toda discusión sobre el trasplante facial -afirma en su Informe el Royal College of Surgeons de Inglaterra- debe incluir no tan sólo los complejos problemas técnicos inherentes al procedimiento sino, de modo especial, los problemas psicológicos y éticos que cambiar la cara de un ser humano conlleva.

Para iniciar seriamente esta discusión, el RCSE constituyó un grupo de trabajo formado por cinco expertos.

Cirugía de cambio de rostro


Cuando el Presidente del RCSE, Peter Morris, presentó por fin a la prensa, el pasado día 19 de noviembre, el esperado Informe (Facial Transplantation, Working Party Report , November 2003) afirmó que, además de los problemas técnicos y médicos, "hemos tenido en cuenta el impacto psicológico del receptor que recibe la cara de un cadáver (la cara es un elemento central de nuestra identidad personal) y también el impacto psicológico en la familia del donante, así como los considerables riesgos que para el receptor del transplante supondría la terapeútica supresora de su capacidad inmunitaria (inmunosupresión para que no se produzca el rechazo de la cara que le ha sido trasplantada) a la que se vería sometido durante toda su vida".

La conclusión del Presidente del RCSE, Peter Morris, es que en el momento actual son necesarias más investigaciones, así como un mejor control de las complicaciones que puedan surgir y su tratamiento (el rechazo de la cara trasplantada, por ejemplo), para dar vía libre al trasplante facial en el ser humano.

El Informe aclara que sus autores no son, en principio, contrarios al procedimiento y reconocen la necesidad de que, en determinados casos de desfiguración facial muy grave, el trasplante facial pueda ser una opción de tratamiento en el futuro.