viernes, 8 de marzo de 2019

Que Es La Muerte Cerebral


Tradicionalmente, la muerte del ser humano ha sido dictaminada, desde los puntos de vista médico y legal, como el cese irreversible de las funciones cardiovascular y respiratoria, independientemente de que el fallo inicial se hubiera producido en el cerebro, en el corazón, en los pulmones o en otros sistemas orgánicos. De esta relación de la muerte con el cese de las funciones cardiaca y respiratoria se derivan las expresiones coloquiales “el último latido” y el “último aliento”.

Pero las cosas se complicaron para esta definición cardiorrespiratoria de la muerte, establecida por la ausencia de pulso y de respiración espontánea (apnea) desde el momento en que fue posible, gracias a los avances de la tecnología de la asistencia a los sistemas orgánicos en situación de fallo funcional, mantener artificialmente dichas funciones cardiorrespiratorias mediante la ventilación asistida.

Con esta asistencia tecnológica a la función cardiorrespiratoria se puede:



  • Mantener la función cerebral en los casos en lo que el encéfalo (cerebro y tronco cerebral) conserva indemne toda o casi toda su estructura, en presencia de un cese de la respiración espontánea y de la función cardiaca.
  • Mantener la función cardiorrespiratoria en un individuo con su cerebro y tronco cerebral irreversiblemente destruidos y, por lo tanto, con una pérdida irreversible de su automatismo respiratorio.


Esta segunda posibilidad, derivada de la asistencia tecnológica intensiva, es la que condiciona la situación de muerte cerebral, que no puede ocurrir en situaciones naturales. En último término, la muerte cerebral es el resultado de mantener artificialmente la función respiratoria y cardiaca en pacientes como un coma apneico irrecuperable.

La muerte cerebral ha sido definida como “el cese completo e irreversible de las funciones del cerebro y del tronco cerebral”.

Quedan así definidas dos formas de muerte que pueden ser legalmente certificadas por los médicos, en gran número de países, de acuerdo con una variada serie de criterios que coinciden en lo esencial:


  • La muerte por el cese irreversible de la función cardiorrespiratoria o muerte por antonomasia.
  • La muerte cerebral, fruto de la moderna tecnología de los cuidados intensivos. Desde el punto de la donación/recolección de órganos para trasplantes, es este estado de muerte cerebral, que sólo puede mantenerse unas 72 horas, por término medio, antes de que se produzca un paro cardíaco irreversible, el periodo útil para la extracción de órganos.


Encontrándose el individuo en estado de muerte cerebral en una situación de decapitación fisiológica, con sus órganos perfundidos por la actividad de su corazón, estos órganos pueden ser extraídos sin sufrir las consecuencias de la falta de riego sanguíneo (isquemia), que son negativos para la supervivencia de los órganos trasplantados.